Manifiesto

Forecasting

Este blog es para mayores. Inversores adultos que han aprendido que no existe Papá Noel que les sople las próximas 10 acciones que doblarán su precio el año que viene, ni el Ratoncito Pérez que le avisará una semana antes de que el mercado se desplome, ni el indicador mágico definitivo para sacarle 10 pipos limpios todos los días al EURUSD. Tampoco el Hada Madrina capaz de conseguirle derivados que protejan gratis su cartera contra pérdidas, ni gurús o sistemas capaces de lograr rentabilidades absurdas de cuento de hadas.

Un blog para inversores “creciditos” que han aprendido, al contrario de lo que se enseña en los Másters de ingeniería financiera, que las últimas piruetas en las optimizaciones de cartera por mínima varianza o Black-Litterman no son mejores que el tradicional gazpacho que pueden hacerse en casa. Tampoco esperan que un VaR condicional bayesiano hipervitaminado les vaya a proteger mejor del riesgo que el sentido común.

Pero tampoco quiero dejar fuera a los neófitos. A aquellos que, con curiosidad y espíritu abierto, se acercan por primera vez al mundo de las inversiones. Por ello intentaré siempre utilizar un lenguaje lo menos técnico posible, exponiendo las ideas subyacentes y no exhibiendo la jerga propia de esta industria como los futbolistas exhiben sus coches deportivos.

Esto implica inevitablemente ponerse del lado del cliente final, del inversor que busca lo mejor para sus ahorros, en la batalla que se está librando: Una guerra entre la industria de fondos que prefiere mantener al cliente ignorante y dependiente como hasta ahora, y los que buscamos proteger los intereses del cliente desnudando la cruda realidad de esta industria.

Pero este blog quiere ir más allá de una batalla entre víctimas y verdugos. Porque más allá de los abusos de una industria y de la complacencia perezosa y cómplice de la mayoría de inversores, considero que ambos, profesionales de la gestión e inversores finales, infravaloran la importancia de una epistemología de la inversión, subestimando riesgos ocultos de los que ni siquiera somos conscientes la mayoría de las veces:

No es lo que no sabes lo que te mata,

sino lo que crees conocer con seguridad que lo hace.

Mark Twain

La industria y sus clientes se centran en epifenómenos necesarios —como son la infinitud de productos disponibles, los modelos estadísticos usados como mapas, la legislación y las variantes en los estilos de gestión—, pero sin profundizar en las fuerzas subyacentes que generan esas rentabilidades y riesgos observables. De ahí mi interés por investigar y estudiar el ecosistema de las inversiones desde tres puntos de vista diferentes pero convergentes: el creativo, el empírico y el epistemológico.

Así, el propósito de este blog es explorar, investigar y compartir los límites conceptuales y de validez de los paradigmas actuales referentes al mundo de la inversión. Se recorrerán pues territorios como por ejemplo los límites de la Teoría Clásica de Cartera, la diversificación y sus formas, la Hipótesis Eficiente, los sesgos psicológicos que sufrimos y su manifestación observable en los mercados a través del smart beta, el riesgo; hasta los diferentes estilos de gestión y estrategias a nuestro alcance.

Si ves un fraude y no dices que es un fraude, el fraude eres tú.

Nassim Taleb

Esto incluye, como decía más arriba, denunciar los abusos de la industria; no tanto los obvios que aparecen en prensa de manera recurrente (ejemplos de “fraudes duros” aquí y aquí), sino otros más velados que llamo “abusos intelectuales” o “fraudes blandos”, que siguen siendo perfectamente legales a pesar del perjuicio que tienen en el cliente final. La industria aprovecha su posición de autoridad en un país con (interesadas) carencias en cultura financiera, ejerciendo malas prácticas de manera legal pero éticamente injustificada contra el inversor final. Al final es ése inversor final, lego en inversiones pero que acude de buena fe a su sucursal bancaria “de toda la vida”, el que acaba pagando siempre de su bolsillo esté de acuerdo o no con lo que le venden, haya sido consciente del engaño o no.

Algunos de mis colegas podrán quejarse con razón de que las definiciones, clasificaciones y estrategias aquí enumeradas pecan de ser demasiado vagas, subjetivas, imprecisas o incompletas. Tienen toda la razón: he preferido sacrificar la precisión técnica frente a la claridad de exposición.

Pues el objetivo de este blog no es ser referencia para el profesional que no lo necesita –ya existen docenas de blogs, libros y Masters con ese fin–, sino ponerme de parte del cliente, de sus intereses como cliente final. Esto implica ayudar al inversor sobrio a separar el grano de la paja más allá de tecnicismos, sesgos, mitos, modas y tramposos productos comerciales. Por supuesto, si no llega a comprender algo el lector, considere que la culpa es enteramente mía por no haber sabido explicarme mejor.

En resumen, investigando y compartiendo qué funciona realmente y qué no —colocándonos siempre del lado de los intereses del inversor—, intentaremos hacer un poco más sobrio al lector.

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