Charla en el IJM: Una alternativa austríaca a la inversión Value

Charla en el IJM:

Una alternativa de inversión austríaca diferente al Value School

El conocimiento de lo poco que podemos saber sobre el futuro, unido a la aceptación de nuestra ignorancia, son el arma más poderosa de todo inversor sobrio.

—Benjamin Graham

En mi anterior charla TEDx conté brevemente cómo la industria de fondos nos toma el pelo. También qué podemos hacer para montarnos en casa nuestra propia Cartera Botijo, barata, eficaz y lejos de las garras de las ineficaces y caras recomendaciones bancarias.

En la charla que di el pasado 22 de febrero invitado por el Instituto Juan de Mariana tuve la oportunidad de profundizar un poco más en las ideas que hay debajo de las “Estrategias Botijo” y por qué funcionan.

En ella desvelo que, en el fondo, las Cartera Botijo son una consecuencia de aplicar dos principios de la Escuela Austríaca de Economía*. A saber, que los mercados, como epifenómenos de la acción humana, son impredecibles. Y que los ciclos económicos son inevitables, por mucho que se empeñen los bancos centrales en suavizarlos con sus intervenciones (en realidad, los agravan). Aclarar explícitamente —por si no quedara suficientemente claro en la charla— que mi propuesta no va en contra del Value School, sino que pretende mostrar cómo, a partir de dos principios básicos comunes al Value y mi propuesta, se puede derivar también una alternativa de inversión válida y complementaria al Value.

También comento otros temas clave de inversión, como por qué considero que invertir es, en última instancia, una actividad filosófica. Doy un repaso a los factores que realmente importan a la hora de invertir con éxito (Alerta SPOILER: predecir qué hará la Bolsa mañana no es uno de ellos) y por qué la simplicidad gana a la complejidad en el terreno de la inversión.

Sin más, os dejo con la charla, que espero disfrutéis:

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* Breve nota sobre la Escuela Austríaca de Economía: 

Para los que no han oído hablar nunca sobre la Economía Austríaca, aclarar que no tiene nada que ver con cómo va la economía en Austria. Simplemente se da la circunstancia de que sus fundadores en el siglo XIX fueron mayoritariamente de esa nacionalidad.

Una breve introducción animada a esta corriente de pensamiento se puede encontrar aquí.

La característica más destacada de la Escuela Austriaca es su enfoque causal-realista fundado en el individualismo metodológico. Carl Menger aplicó el concepto de intencionalidad al valor económico, considerando que el valor económico deriva de un juicio que expresa una preferencia. Es decir, preferir algo equivale a valorarlo, a clasificarlo jerárquicamente en una escala de valores propia.

Siguiendo a Menger, todas las ramas y autores de la Escuela Austriaca consideran que lo que mueve la economía son las acciones subjetivas de los individuos. A partir de esta consideración, y a través de un razonamiento lógico-deductivo de sus implicaciones, elaboran explicaciones de los fenómenos económicos del mundo real, tales como el valor, el intercambio, los precios, el tipo de interés y el beneficio empresarial; hasta llegar, paso a paso, a una ciencia comprehensiva de la acción humana, que incluye teorías de la estructura de producción, del dinero, de la empresarialidad, de los procesos de mercado y de los ciclos económicos.

(Es interesante recordar que esta corriente de pensamiento económico fue en realidad “redescubierta” por los austríacos de finales del siglo XIX  y principios del XX: Carl Menger, Eugen von Böhm-Bawerk, Ludwig von Mises, Friedrich Hayek, Ludwig Lachmann y Joseph Schumpeter entre otros. Pero ya existió un precedente a esta forma de ver y entender el mundo en el trabajo de los autores escolásticos de la Escuela de Salamanca, que escribieron en los siglos XVI y XVII un conjunto de obras que conforman una visión de la organización social que enfatiza el carácter subjetivo, dinámico y creativo de la acción humana).

La Escuela Austríaca perdió presencia en el debate económico tras la popularización de una Economía matematizada en los centros docentes públicos (y privados) de casi todo el mundo a partir de la II Guerra Mundial, imponiéndose los paradigmas keynesiano y neoclásico que abogan por puntos de vista estáticos, deterministas, basadas en agregados (como una especie de “Termodinámica de agregados humanos” en la que si aumentamos o disminuimos uno de ellos, se espera que disminuya o aumente otro a voluntad) y cuyo fin último pasa por dar soporte sistemático a la ingeniería social y la intervención masiva del sector público en la vida de las personas. Todo ello pese a que la Escuela Austríaca había gozado de una posición mucho más preeminente entre las Escuelas de Economía a finales del XIX y principios del XX.