Un día en las carreras

Imagina que dos amigos te invitan a pasar un día en las carreras. No tienes ni idea de caballos, pero te apetece pasar una mañana divertida.

Ya en el hipódromo, el primer amigo te argumenta larga y razonadamente por qué, de los 20 caballos que corren hoy, Goleador va a ganar casi con total seguridad. No sólo es el mejor caballo en todas las “métricas”, sino que lleva ganando casi todas las carreras de la temporada. Después de dos horas martilleándote la cabeza con su “tesis” te invita a apostar todo lo que llevas a su caballo.

—¡Es una apuesta segura!—, repite machaconamente Martini en mano.


El segundo amigo es menos locuaz (no tiene largas historias que contar sobre el linaje, nutrición y entrenamiento de los caballos) y parece algo aburrido, como si toda la excitación y ruido que se respira no fuera con él.

El segundo amigo no sabe qué caballo ganará y lo reconoce mientras da un sorbo a su gin-tonic. Pero te asegura una manera de apostar siempre al que quedará, al menos, en segunda posición.

En otras palabras, te ofrece un método seguro para acertar siempre dentro del 10% de los ganadores, sean cuales sean los caballos que corran.


Ojiplático, le contestas:

—¡Venga ya!—le espetas escéptico. —Si eso fuera posible este negocio no existiría; ¡todo el mundo apostaría con tu método y así siempre ganaría!

—Efectivamente. Un juego con tal ventaja para el jugador no sería negocio en el hipódromo …a no ser que haya una pega.

—¡Ajá!, siempre hay una pega, claro. Seguro que es ilegal o me quieres cobrar un pastón por darme esa información.

—Para nada. Ni el gobierno ni yo te vamos a impedir aprovecharte del método. Está disponible para todo el mundo y es prácticamente gratis. La pega la vas a poner tú mismo. Y es que la recompensa no es inmediata. Verás, ¿y si los resultados de mis apuestas sólo funcionaran y los pudieras cobrar dentro de 10 o 20 años? Ah… entonces la cosa cambia, ¿eh? ¿Apostarías entonces tu dinero con mi seguro pero ‘aburrido método’ o acudirías cada domingo aquí a escuchar los sesudos argumentos de mi amigo, cambiando cada semana de apuesta con la esperanza de dar un pelotazo rápido?

—Mhhh… Tienes razón, la verdad es que una década o dos es mucho tiempo… Se me hace muy difícil resistirme a la atractiva retórica de tu amigo. La verdad es que con los conocimientos enciclopédicos que tiene sobre los caballos y los argumentos de peso que da, viniendo aquí todos los domingos se me haría casi imposible no caer en alguna de sus convincentes narrativas. Ilusionarme con grandes y rápidas ganancias cada semana…

—Claro que son convincentes. Tienen que serlo para que la mayoría acabe apostando, por ejemplo, por el caballo que más ha ganado en las últimas carreras. Lo que tiene su gracia, porque muchas veces se construyen los argumentos del caballo ganador después de que ya haya ganado algunas carreras. Así, a posteriori su éxito parece algo lógico e inevitable si lees las crónicas de los “expertos”, por lo que apostar por ese caballo en particular el próximo domingo nos parece totalmente justificado.

—A ver, estás intentando decirme ahora que si un caballo ha ganado las últimas carreras, ¿no es más probable que gane también la de hoy?

—Exactamente. De hecho, si conviertes ese argumento en tu estrategia para apostar, acabarás en el largo plazo perdiendo dinero con total seguridad.

—¿Pero eso no es lógico!— te quejas frustrado, pues ya estabas a punto de apostarlo todo a Goleador

—¿Quién ha dicho que las carreras de caballos, o cualquier otro tipo de apuesta, tengan que ser “lógicas”? A los humanos nos asusta la incertidumbre. Le buscamos la lógica a todo, incluso a lo que no la tiene, para quedarnos más tranquilos. Más aún cuando nuestro dinero está en juego. Así que la capacidad para crearnos narrativas atractivas que a la vez nos calmen y nos digan por qué ha pasado lo que ha pasado y qué tenemos que hacer a continuación, no tiene límites. Somos tan adictos a las narrativas “que tienen sentido”, que muchas veces preferimos alejarnos de la realidad y seguir perdiendo dinero, que abandonar una historia que nos gusta y nos parece lógica.

—Vale, acepto que el método de ver quién lo ha hecho mejor últimamente no sirva. Pero, debe de haber algún método lógico y racional para seleccionar a los caballos con más probabilidades de ganar, ¿no?

—Uff, la verdad es que hay un gran debate sobre eso. Algunos han descubierto unos factores que, cuando algunos caballos los explotan bien e insisten consistentemente en ellos, podrían tener más probabilidades de ganar en el largo plazo. Pero fíjate que no te estoy ofreciendo saber qué caballo o factor va a ganar en concreto, sino solo apostar a los dos mejores, sean cuales sean en el futuro. ¿Tan importante es para ti saber el nombre del caballo o factor ganador cuando apostando a los dos primeros (sean cuales sean) vas a ganar dinero superando al 90% del resto de caballos?

—Hombre, visto así… La verdad, no tiene mucho sentido apostar mis ahorros por Goleador… Me has convencido, ¿vamos a las taquillas a aplicar tu método?


—¡Me alegro de que hayas entrado en razón! Ahora, cambia la palabra caballo por fondo de inversión y venga, vámonos a buscar el bróker más barato, seguro y eficiente (tampoco querrás regalarle a tu bróker en comisiones la mitad de lo que podrías ganar a largo plazo, ¿verdad?). Allí te enseñaré que el método para quedar siempre entre los 10% mejores es invertir siempre en índices, y hacerlo a través de los ETFs más baratos, construyendo una cartera de largo plazo global y bien diversificada en suficientes activos para cubrir todo el ciclo económico.

—¡Pero qué bribón estás hecho! Ya me has vuelto a liar con lo de siempre…

—De bribón nada. Muchas veces tienes que contar las mismas cosas de forma diferente para que la gente acabe dándose cuenta por sí misma de cómo le toman el pelo en la sucursal de su “banco de toda la vida”, con “el fondo ganador de moda” ;-).

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