Iatrogenia inversora

Cuando un médico, intentando mejorar el estado de un paciente, lo empeora con su intervención, decimos que comete iatrogenia.  Aparte de la medicina, pocas actividades humanas hay tan proclives a la iatrogenia como la inversión. Una actividad donde, por querer mejorar el resultado, tendemos a pecar por exceso de celo, haciendo muchas veces más daño a nuestras inversiones que si nos sentáramos sobre nuestras manos.

Peter Lynch

Por ejemplo, aunque Peter Lynch obtuvo una rentabilidad anual del 29.2% en su fondo Fidelity Magellan entre 1977 y 1990, la mayoría de sus partícipes perdieron dinero (!).

¿Cómo es posible que algo así suceda? La causa está en el overtrading que sus inversores practicaban con el fondo, entrando en el fondo tras una buena racha alcista y saliendo tras un periodo de fuertes pérdidas. En vez de dejar que la estrategia trabaje y con el tiempo converja a su rentabilidad esperada.

El efecto acumulado de este comportamiento es quedarse fuera de los tramos alcistas y capitalizar las pérdidas durante los tramos bajistas; sumando pérdida tras pérdida en el viaje incluso aunque la estrategia o vehículo sean rentables:

“Overdoing”

Los anglosajones, cuando no tienen una palabra para definir algo, suelen ser los primeros en inventarla. Por ejemplo, para describir cuando alguien está perjudicando su trabajo en general por “pasarse haciendo de más”, utilizan la palabra overdoing, que es una forma de iatrogenia.

En general la iatrogenia en las inversiones aparece cuando se comete algún tipo de overdoing:

  1. Aplicamos erróneamente una estrategia válida (prescripción o tratamiento inadecuados)
  2. Alteramos —a mitad de camino— una estrategia válida pensando que podemos mejorarla fuera de sus parámetros originales, por ejemplo haciendo más operaciones de las necesarias (overtrading)
  3. Incluimos excesivos instrumentos en cartera (over-diversification)
  4. Nos paraliza el exceso de información al intentar analizar e incorporar todos los datos y opiniones disponibles (overthinking, también conocido como Analysis paralysis)
  5. Dedicamos un número cada vez mayor de horas que no aportan valor (overworking), lo que eventualmente nos conduce a caer en alguno de los 4 puntos anteriores.

La iatrogenia por overdoing es muy habitual en la industria de la inversión. Si un gestor de fondos o asesor financiero no está constantemente mirando sus pantallas, consultando los mercados en el móvil si está fuera de la oficina, escribiendo informes o introduciendo órdenes de compra-venta; la impresión general sobre su actividad —la de sus jefes y clientes— es que “no está trabajando lo suficiente”.

Nuestra cultura del “presentismo” ha interiorizado como cierta una correlación que no existe: a más horas de trabajo dedicadas, mayor rentabilidad. Por lo tanto, cuanto más tiempo esté “calentando la silla” el gestor, mejor será percibido por sus compañeros y por su jefe.

“A ver si sentándome aquí 16 horas al día en vez de 14 mejora mi rentabilidad”

No. Más allá del mínimo trabajo que cada tipo de estrategia requiere para su correcta implementación, no hay ni correlación ni causa-efecto entre el número de horas que le dedicamos a los mercados y la rentabilidad que podemos obtener. De nada sirve “trabajar de más”, pues no añade nada a los resultados máximos que cada estrategia puede teóricamente producir. Pensar que si le “echamos más horas” (como piensa el trader de la foto) los resultados van a mejorar más allá del límite teórico de la estrategia que estamos implementando es como pensar que cuanta más proteína comamos más masa muscular vamos a tener. Se trata de trabajar tanto como nuestra estrategia lo requiera, no más. Si tal correlación existiese, los mejores gestores serían aquellos que duermen menos horas al día y más tiempo pasan en la oficina; convirtiendo las decisiones de inversión más en un deporte que en un buen juicio (Por ejemplo Warren Buffett confiesa que le encanta dormir mínimo sus 8 horas al día).

Lo malo es que la mayoría de inversores particulares que invierten su propio dinero suelen caer también en algún tipo de iatrogenia al contagiarse de la enfermedad del overdoing. Sienten que si no están encima de sus inversiones constantemente, comprando o vendiendo algo, están haciendo algo mal o no lo están haciendo todo lo bien que podrían. Los brokers, con sus constantes llamadas a la “acción” (a toda acción que les reporte algún tipo de comisión, claro), tampoco ayudan a los inversores particulares en este aspecto.

Sin embargo, la evidencia empírica nos lleva en la dirección contraria. Cuando una estrategia válida es implementada correctamente y sin intromisiones —sin iatrogenia de ningún tipo—, el resultado tiende a ser claramente superior en el largo plazo.

¿Los mejores inversores? Los fallecidos y amnésicos

Así se observó en un estudio de Fidelity sobre sus clientes en el periodo 2003-2013. La mejor rentabilidad promedio la consiguieron no los más informados o más activos, sino aquellos inversores más pasivos en sus cuentas. Así, ¿cuáles son los inversores que menos operan y menos tiempo le dedican a su cartera? Inevitablemente, los que habían muerto y los que habían olvidado que tenían una cuenta con ellos. Es decir, ¡los que no hacían nada!

De hecho, la rentabilidad en el largo plazo del inversor particular medio (en rojo en el gráfico siguiente) suele situarse muy por debajo de la rentabilidad de la mayoría de los activos, mostrando que su intervención —comparada con una simple cartera global pasiva y bien diversificada— empeora los resultados de inversión:

No está de más recordar de nuevo que la inmensa mayoría de los profesionales no se salvan del overdoing y los fondos que gestionan suelen obtener resultados igualmente decepcionantes para sus partícipes, como ya contamos en ¿Por qué (la mayoría) de los gestores son tan malos?

Y es que no hay que confundir “no hacer nada” con no haber hecho previamente los deberes; algo que es imprescindible si queremos tener alguna posibilidad de rentabilizar nuestros ahorros de manera razonable.

Primum non nocere

(ante todo no hacer daño)

Para intentar reducir la iatrogenia, los médicos siguen un práctico principio ético: “Lo primero y más importante es no hacer más daño del que ya hay”. Es decir, antes de hacer nada, se paran a considerar si su intervención —por muy bien intencionada que sea— pudiera hacer más daño del que ya sufre el paciente.

De la misma forma, el inversor tentado con alterar su estrategia de largo plazo (y son muchas las excusas que surgen a diario para “meter la mano” en la cartera de inversión) debería resistir la tentación del overdoing si quiere acercarse al potencial que a largo plazo puede dar la estrategia de inversión elegida.

Así, es habitual que inversores que se consideran a sí mismos seguidores de la Escuela Value, como los que invertían en el fondo de Peter Lynch del principio, vendan sus participaciones en fondos value en cuanto llega el primer mercado bajista que sufren “en sus carnes”. Y es que no es lo mismo leer en un libro sobre pasados mercados bajistas, que ver cómo desaparece —aunque sea temporalmente— la mitad de tus laboriosos ahorros en pocos meses y delante de tus narices.

La conclusión práctica es que debemos centrar primero nuestros esfuerzos en investigar qué estrategias son válidas y se adaptan bien a nuestra situación financiera, carácter y psicología particular. Dedicar todo el tiempo necesario a definir un plan válido para nuestras inversiones. Y después, limitarnos a implementarlas de la manera más eficiente posible. Si en el camino sentimos que “no estamos haciendo lo suficiente”, volver a retomar el trabajo de investigación previo y profundizar tanto como deseemos; pero no cambiar de opinión a mitad del camino —aún con la intención de “mejorar”— con cada nuevo giro del mercado o información nueva que nos llega.

Es decir, uno de los primeros hábitos que todo inversor sobrio debería adquirir es emplear todo el tiempo del mundo en elegir bien la/s estrategia/s y plan a seguir; para a continuación sentarnos encima de nuestras manos. Hacer oídos sordos a los constantes cantos de sirena que la industria nos va a ofrecer a diario y no caer en intromisiones o constantes cambios de opinión que nos separan del plan de inversión y estrategia elegida. Y que como hemos visto acaban perjudicando terriblemente nuestras inversiones en el largo plazo.

Posición corporal altamente rentable para inversores bien diversificados y con un buen plan.

Parafraseando a Warren Buffet, “no hay nada malo en ser un holgazán de la inversión” (siempre que la estrategia elegida sea válida, claro). De hecho, cuanto más aburridas sean sus inversiones, más probable es que alcance su objetivo a largo plazo. A la hora de invertir, lo aburrido es predecible y confiable. La excitación —proveniente de lo nuevo, lo inesperado o los cambios de opinión— no produce resultados consistentes con lo esperado en el largo plazo.

“Invertir debería ser como ver la pintura secarse o crecer el césped. Si necesita emoción con su dinero vaya a un casino”

Paul Samuelson

 

2 comments

  1. Buen post para recordarnos a los que estamos empezando y estamos pasando un mal trago que debemos confiar en gente que ha demostrado que sabe lo que hace.

    Saludos

    Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.