Entrevista con Droblo

El pasado 11 de septiembre me entrevistó Droblo (@droblopuntoes). Para mí fue un honor, porque creo que es uno de los mejores analistas socio-económicos que podemos disfrutar en internet prácticamente a diario. Con los años, se ha convertido en uno de los pensadores independientes más lúcidos, honestos y certeros del panorama español. Fue tan amable que me dejó total libertad para contestar las preguntas como quisiera, así que el resultado final es mucho más largo de lo que ambos esperábamos. Reproduzco a contincuación y con permiso de Droblo dicha entrevista aparecida en Euribor.com.es.

Droblo- Siendo hoy 11 de septiembre he tenido la tentación tanto de escribir sobre las Torres gemelas como sobre Cataluña. Pero la he vencido y me he decidido por entrevistar a Marcos Pérez (@inversobrio), un asesor de inversiones que es tremendamente crítico con la industria financiera. La primera pregunta es obvia ¿Por qué esa actitud tan crítica?

Marcos- Quizá pequé de inocente, pero cuando pasé de la Física a las inversiones, esperaba encontrarme una industria dedicada a ayudar al cliente, protegiendo y rentabilizando su ahorro.

Lo que me encontré es una industria que se aprovecha de la incultura y los sesgos de sus clientes para esquilmarlo a base de comisiones abusivas —que pueden reducir más de la mitad la rentabilidad a largo plazo de sus inversiones— y de colocarle productos que la mayoría de las veces no le convienen y/o perjudican. En palabras de James Montier, el Analista Jefe de Société Générale en 2009, refiriéndose a la mayoría de sus colegas de la industria en un ataque de honestidad:

No estamos en este negocio para hacer ganar dinero a nuestros clientes.

D- Estudiaste originalmente Física. ¿Cómo un astrofísico termina trabajando en Bolsa?

M- Era algo muy habitual a finales de los años ’90 y principios de los 2000. La industria financiera buscaba entonces perfiles más matemáticos para modelar y empaquetar un montón de nuevos productos financieros que bancos y gestoras producían y colocaban como caramelos. Casi de casualidad, un buen amigo y colega de la carrera me habló de esta salida profesional y nos lanzamos juntos.

D- ¿Qué te atrajo tanto de las finanzas como para cambiar tan radicalmente de campo?

M- Fundamentalmente, la posibilidad de contribuir con alguna aportación creativa. Nos parecía un campo con muchas posibilidades porque aún quedaba mucho por hacer desde un punto de vista científico.

Además me pareció muy digno trabajar con la honesta intención de ayudar a que los clientes pudieran invertir sus ahorros de la mejor manera posible. Una motivación que, aunque escasea en la industria, siempre me ha acompañado y espero no perder nunca.

Y las salidas profesionales, claro. En aquella época, principios de los años 2000, un buen ‘quant’ (analista cuantitativo) se podía permitir el lujo de decidir hasta dónde y en qué quería trabajar dentro de la industria.

Tengo que decir que, por aquel entonces, aún no conocía la realidad de la industria y su afición por exprimir a los clientes —que al final somos todos— como si fueran vacas desechables en una granja de fast food.

D- Ahora eres muy crítico con el uso de las matemáticas por parte de la industria, con todos los derivados y productos sofisticados que vende. ¿Cómo un “quant” termina renegando de las ecuaciones y optando por lo que llamas “estrategias botijo”?

M- Aunque me considero un ‘quant arrepentido’, no es que haya renegado de las matemáticas, sino de su abuso. Más concretamente, de dos mitos asociados con las matemáticas en esta industria. El primero, la creencia de que cuanto más sofisticados sean los modelos econométricos y estadísticos que se utilicen, mayor garantía de éxito.

Y el segundo, la sensación de seguridad que dan los modelos matemáticos, al hacernos creer que “el mapa es el territorio”. Es decir, nos creemos que los modelos que representan los mercados son la realidad. Así, será suficiente exprimir los modelos tanto como queramos para mejorar la gestión.

Pero estos dos mitos son falsos. Basta con repasar la historia financiera desde la irrupción de los modelos en los años ‘70 para darse cuenta de que, catastróficamente, no es así. Recordemos por ejemplo el desastre del fondo LTCM en 1998 que casi quiebra el sistema financiero mundial, o el fiasco de los CDS, CDOs y estructurados con calificación triple-A que se vendían como rosquillas hasta justo antes del crash de 2008.

La tesis que defiendo no es que las matemáticas sean malas per se; sino que a medida que vamos añadiendo elementos y hacemos más compleja la inversión, el riesgo de que algo salga mal crece de manera incontrolada y desconocida. Esto es, los riesgos crecen exponencialmente más allá de lo que podemos ver y por lo tanto controlar.

Esto hizo que, después de mucho tiempo trabajando en los mercados con herramientas matemáticas y desde una perspectiva muy ingenieril, hace unos años di un giro de 180 grados en la manera de plantearme el problema de la inversión. Me mudé desde el extremo de lo complejo y elaborado, hasta el extremo opuesto de la máxima simplicidad posible.

Fue como enfrentarse al problema de gestionar el tráfico de un cruce. Tienes dos opciones. O instalar un sofisticado sistema de semáforos que podrían fallar por cualquier motivo inesperado (corte en el suministro eléctrico, desgaste de los componentes, vandalismo, etc.) O simplemente construir una rotonda.

Básicamente me decidí por las rotondas. Ahora prefiero afrontar el problema de la inversión desde una perspectiva minimalista, donde eliminamos todo lo superfluo que no añade valor en el largo plazo pero sí riesgos desconocidos. Es ahí donde se encuentran lo que he llamado “Estrategias Botijo”, en honor a la simplicidad y eficacia de la milenaria vasija de barro que nos refresca el agua todos los veranos.

Estas estrategias de inversión minimalistas, motivo de la segunda parte de mi charla TEDx, apenas tienen elementos —dos principios básicos de sentido común— y funcionan extraordinariamente bien en cualquier entorno de mercado sin apenas mantenimiento. Además, las puede implementar uno mismo en casa… ¡para disgusto de la industria!

D- ¿Estás diciendo que sería mejor para las personas que quieren invertir que no hicieran caso de las recomendaciones y de los analistas?

M- ¡Sería mucho más rentable para sus bolsillos! ¿Desde cuándo se puede ganar dinero haciendo caso a los “expertos”? La respuesta es nunca. Los resultados están ahí y son demoledores: ¡la capacidad predictiva de los analistas es peor que la de una moneda lanzada al aire!

También deberíamos recordar que a los analistas y periodistas se les paga para que produzcan noticias y opiniones constantemente, aunque no haya nada que decir —que es la mayor parte del tiempo. Nos convierten en adictos a sus dosis de opinión. Nos colocan en un estado de alerta artificial y permanente que además de inútil para gestionar es perjudicial para nuestra salud física y mental.

Así que ¿para qué escuchar y hacer caso a los analistas? Cuanto menos, mejor. Apagar la CNBC, desconectar el Bloomberg y dejar de mirar los mercados cada 5 minutos en el móvil es lo mejor que podemos hacer.

D- Resulta paradójico que profesionales teóricamente tan inteligentes y preparados obtengan unos resultados tan mediocres. ¿Por qué crees que los analistas y gestores profesionales son tan malos haciendo su trabajo?

M- Conozco a muchos analistas y gestores, algunos muy buenos, y la mayoría de las veces no es culpa suya. Hacen lo que pueden. Creo que, a parte de estar sometidos a un sistema de incentivos perverso, el problema reside en que la industria les obliga a enfocar su talento y trabajo en la dirección equivocada.

Me explico: si utilizamos un marco conceptual equivocado, por mucho esfuerzo, inteligencia y medios que le dediquemos, nunca conseguiremos los resultados esperados. Es como ser un martillo: para nosotros todo lo que vemos y existe son clavos. Ni siquiera podemos concebir que también existen tuercas que hay que girar, no golpear. Y por muy bueno, caro y ‘listo’ que sea el martillo, es una herramienta inútil con las tuercas.

Desde mi punto de vista, invertir implica ser consciente de que la realidad está formada por mucho más que clavos. Pero la mayoría de analistas y gestores —y por extensión los medios y casi toda la industria— sólo conciben la inversión desde la óptica de conseguir unas predicciones acertadas. Siempre están intentando estimar “mejor” cuál será la evolución del PIB, la inflación, las correlaciones entre activos, el activo que mejor lo hará el año que viene, la volatilidad, etc.

Así que cuando damos crédito a los analistas estamos cometiendo un error conceptual de base: ¡Aceptamos implícitamente que alguien puede adivinar el futuro!

D- ¿Niegas entonces que podamos predecir lo que va a pasar en los mercados?

M- Totalmente. En los asuntos humanos somos ciegos al futuro. De hecho, no sólo los acontecimientos humanos y noticias futuras son impredecibles, sino que también son impredecibles las reacciones que los inversores tendrán a dichas noticias.

En otras palabras, aunque tuviéramos una Bola de Cristal donde poder ver qué va a ocurrir en el futuro, no podríamos invertir correctamente con esa información porque nos faltaría la interpretación que los millones de inversores harán en cada momento de dichos eventos. Y esto lo sabe cualquier trader con experiencia: ¿cuántas veces la interpretación que los mercados hacen de un dato o suceso es totalmente arbitraria y perfectamente intercambiable?

Peor todavía; aunque tuviéramos una Máquina del Tiempo para viajar al pasado y saber con antelación qué va a ocurrir (o alguien nos mandara desde el futuro un pendrive con todos los gráficos históricos de los próximos 20 años), tampoco podríamos esperar que la interpretación del mercado por parte de los inversores fuera a ser la misma. Si volviéramos al pasado, la evolución de los mercados sería diferente a la que hemos vivido en esta ‘línea temporal’.

La conclusión es que por incómoda que sea la realidad del mundo en el que nos ha tocado vivir, ni siquiera nos serviría una Bola de Cristal, una Máquina del Tiempo o un archivo con las series de precios futuras para garantizarnos el éxito en las inversiones. Desde mi punto de vista la consecuencia práctica —tan radical y profunda que muchos no la aceptan nunca— es que tenemos que eliminar de nuestro proceso de inversión las estimaciones de futuro.

D- Pero si no podemos fiarnos de los analistas ni de la industria, eso implica que el inversor tendrá que decidir por sí mismo en qué y cómo invertir.

M- Claro, eso implica realizar un esfuerzo a nivel personal. Perder la fe ciega en el gurú o analista de moda, en nuestro banquero privado o en el Director de nuestra sucursal bancaria “de toda la vida”.

Cuando uno se da cuenta de esto, siente una soledad y desamparo que produce ansiedad. ¿Qué voy a hacer con mis ahorros entonces? De repente estamos solos frente al mundo, responsables de nuestras propias decisiones y sin poder echar la culpa a los demás cuando invertimos mal.

Por eso son mayoría los que prefieren la comodidad de seguir siendo fieles a su banco “de toda la vida”, aunque les haya timado varias veces a lo largo de los últimos años. Y es que en cuestión de cambiar nuestros hábitos, se ha comprobado que es más difícil cambiar de dieta que de religión.

Pero ahí entra en acción la labor de divulgación financiera y el mensaje central que quiero transmitir:

Es relativamente fácil conseguir unos resultados de inversión razonables si seguimos unos principios básicos de inversión. Pero extraordinariamente difícil superar los resultados que por ejemplo una ‘Cartera Botijo’ pueda dar en el largo plazo, por mucho que la industria se complique y quiera complicarnos la vida.

D-¿A qué te refieres cuando dices que la industria “se complica la vida”?

M- La industria necesita justificar sus altos costes. ¿Qué mejor que venderte un Fórmula-1 para ir a comprar el pan cuando bastaría una bicicleta? Una bicicleta es más barata, más fiable y más eficiente. Incluso la puedes reparar tú mismo. Pero vender un Fórmula-1 deja mucho más dinero en comisiones y te hace dependiente del taller del fabricante. Como advierte John Bogle:

La industria de la inversión es la única en la que cuanto más pagues por lo que quieres, menos probable es que lo consigas.

Es decir, la industria tiende a complicar la inversión más allá de lo que sería prudente, para conseguir el atractivo que dan la complejidad, lo sofisticado y exclusivo. Muy pocas veces tiene éxito (y son sólo los éxitos los que se publicitan, creando la falsa percepción de que suceden muy a menudo), pero la inmensa mayoría de veces, no. Y en esa inmensa mayoría de los casos, es el inversor el que acaba pagando silenciosa y dolorosamente los platos rotos con su dinero (que termina evaporado).

D- ¿Qué le recomendarías a alguien que quiere empezar a invertir?

M- Que abandone cualquier sueño de hacerse millonario a corto o medio plazo en los mercados. Una motivación que, sorprendentemente, es bastante común y poco confesada en público. El control de las expectativas personales es esencial para que no caigamos en productos/cursillos/sistemas milagro o intentemos escalar el Everest sin oxígeno y en un fin de semana.

Lo segundo, el típico y aburrido consejo —pero no por ello menos necesario— de que invierta primero tiempo y dinero en formarse. Nadie va a poder tomar una decisión sensata y sobria sobre cómo invertir su dinero si primero no sabe de qué va esto. Y eso es algo que no se aprende en un cursillo de fin de semana organizado gratis por algún bróker. Los asistentes a esos ‘cursillos’ tendrían que preguntarse primero: ¿Por qué estos cursillos para ‘aprender a hacer trading’ son gratis y los de aprender inglés no?

No estoy diciendo que todos deberían convertirse en profesionales antes de invertir. Eso tendría el mismo sentido que pedir la carrera de medicina para decidir si nos tomamos o no una aspirina. Pero al menos tener una idea conceptual clara de los principios básicos. Luego, siempre se puede acudir a algún profesional independiente y de confianza que nos ayude a elegir dentro del zoo de productos disponibles. Pero ya con un sentido propio de lo que estamos haciendo.

D- ¿Y a alguien que quiere dedicarse a gestionar su propio dinero?

M- Esta es una de las preguntas que me hacen con más frecuencia: “Con lo que he ahorrado (una cantidad que suele estar en torno a los 50.000€-100.000€), ¿puedo dejar el curro y dedicarme a vivir del trading?”.

Cuando me preguntan esto suele ser porque han visto el anuncio de algún bróker, cursillo o sistema en internet que promete por ejemplo “cómo sacar entre 3.000€ y 5.000€ al mes cómodamente desde casa o la playa”. No se paran a pensar que “sacar 3.000€ al mes” de 50.000€ implica conseguir una rentabilidad anual en torno al 70%. Y eso, en caso de poder conseguirse puntual y extraordinariamente, no es sostenible en el tiempo.

Tenemos que ser brutalmente honestos con nosotros mismos. Si ya hemos tragado con la amarga píldora de que no nos vamos a hacer millonarios en el corto ni en el medio plazo en los mercados, nos queda tragar la píldora de que si bien es factible alcanzar el rango de rentabilidad natural a largo plazo de los activos financieros —en torno al 6%-8% anual—, alcanzar la zona del 20%-25% que consiguen sólo algunos gestores extraordinarios es como enrolarse en el Tour de Francia y esperar acabarlo sin haber entrenado. Intentar ir más allá de esas rentabilidades es directamente imposible, un timo, o el autoengaño más caro de nuestra vida.

Esto nos lleva al problema más extendido de todos los que se plantean “vivir del trading”: están descapitalizados. Si ya es muy difícil conseguir por ejemplo un 10% anual todos los años, tendríamos que disponer de 500.000€ si necesitamos para vivir 50.000€ al año. El desastre se acelera debido a la mala gestión psicológica de nuestras emociones y sesgos, alcanzando la catástrofe cuando se recurre al apalancamiento como solución a esa descapitalización original. El resultado es que —las estadísticas de los brókers están ahí— aproximadamente el 80% de los que lo intentan acaban arruinados antes de dos años, y sólo un 2% alcanza a “vivir del trading”.

No hay fórmulas mágicas para hacerse millonario rápidamente y con poco dinero. Esta industria es así de injusta porque no da las mismas oportunidades a todo el mundo. Cuanto más dinero tengas al principio, más oportunidades tienes de hacerlo bien. También sigue siendo una actividad elitista, porque al tener un límite superior de rentabilidad (dependiendo del estilo de gestión que elijamos, aproximadamente entre un 10% y 25% al año), exige empezar con un volumen considerable si lo que buscamos es “vivir de ello”.

Pero reconocer esto en público dejaría sin negocio a un sector de la industria que vive precisamente de prometer crecepelo (en forma de derivados, CFDs, cursillos, sistemas, estructurados, etc.) a incautos descapitalizados que insisten en creer que los unicornios existen y ellos van a cazar uno.

D- Tienes un blog llamado ‘El Inversor Sobrio’ (www.inversobrio.com), ¿crees que la moderación es la clave para las inversiones?

M- Absolutamente. No por mucho repetirlo deja de ser cierto: Nuestro gran enemigo en las inversiones, el factor principal que determina el resultado a largo plazo de un inversor sigue siendo, ceteris paribus, el paquete de emociones y sesgos cognitivos con los que inevitablemente venimos todos “equipados de fábrica” al nacer.

Es decir, la gestión psicológica que se haga de nuestras propias emociones, esperanzas y razonamientos. Algo que, por mucho que nos alejemos de la industria y su ruido, siempre llevaremos con nosotros encima porque está en nuestra naturaleza, en nuestro hardware, y eso no se puede cambiar, sólo intentar controlar.

Por ejemplo, Peter Lynch, con su fondo Fidelity Magellan, consiguió una rentabilidad media del 29% anual entre 1977 y 1990. Sin embargo, la mayoría de los que invirtieron en el fondo perdieron dinero porque compraban cuando hacía máximos y vendían cuando entraba en un periodo de pérdidas. Es decir, incluso eligiendo al fondo ganador —algo que es imposible ex ante—, nuestra psicología trabaja para que todos los días nos pongamos la zancadilla a nosotros mismos. De ahí la necesidad de una actitud estoica y sobria a la hora de invertir, elegir una estrategia de inversión válida que se adapte a nuestra personalidad, y ser consistente con ella en el largo plazo.

D- Pero en teoría la industria financiera ofrece fondos que en muchos casos venden tranquilidad para sus partícipes, ¿Cuál es su pecado entonces?

M- Que intentan confundir a los clientes haciéndoles creer que riesgo y volatilidad son lo mismo. La industria conoce cómo funciona la psicología de sus clientes, y sabe que lo que buscan es no perder dinero, aunque sea solo temporalmente. Se dedican entonces a construir y promocionar productos “tranquilos”. Es decir sin volatilidad o con una volatilidad mínima; como por ejemplo los fondos monetarios, los garantizados o los depósitos.

La aparente tranquilidad que da la baja volatilidad (no sufrir) es el cebo. Por eso estafas como la de Madoff son recurrentes en la industria y volverán a suceder. Como dice un buen colega mío: Dale un 1% de rentabilidad mensual al cliente y la inmensa mayoría se lanzará de cabeza sin hacer más preguntas.

Pero no hace falta que sea una estafa intencionada. La baja volatilidad a veces esconde tipos de estrategias muy peligrosas. Recordemos de nuevo al malogrado fondo LTCM, un fondo gestionado por dos Premios Nobel con una alta rentabilidad y muy baja volatilidad. Casi no tenían meses en negativo; los clientes estaban encantados. Pero los que confundieron su baja volatilidad con un bajo riesgo pasaron por alto el proceso subyacente o estrategia que generaba esas rentabilidades, que resultó ser muy frágil a cambios inesperados en el entorno.

Cuando la industria equipara volatilidad con riesgo y vende “tranquilidad” está aprovechándose tanto del analfabetismo financiero que sufrimos en este país, como de los sesgos cognitivos de los clientes. Tenemos que mirar debajo del capó del coche que nos están vendiendo por su carrocería (su volatilidad), a ver de qué tipo es y en qué estado está el motor que nos quieren colocar.

D- Volviendo a otra de tus pasiones, la divulgación financiera; ¿no es un poco utópico, especialmente en España donde hay casi 800.000 millones ‘invertidos’ al 0%, que la educación financiera tenga algún impacto en la sociedad?

M- Entiendo la divulgación financiera como un deber que tenemos los profesionales de la inversión hacia nuestros conciudadanos legos en la materia; al igual que ocurre con los científicos y la divulgación científica. Iniciativas tan veteranas como las de Euribor.com son uno de los mejores ejemplos. Por eso me decidí a dar la charla TEDx, escribir en mi blog y acudir gustoso a dar conferencias cuando así me lo piden.

La industria financiera ha crecido hasta convertirse en una materia de estudio propia como podría ser la Física o la Medicina. Es imprescindible que los profesionales hagamos llegar a la gente los principios básicos y enfoques correctos, convirtiéndolos en un patrimonio común de la sociedad que cualquier persona comprenda y conozca. Así, será más difícil que la industria abuse —legal o ilegalmente— de su ignorancia y sesgos como sigue ocurriendo hoy día.

D- Pasando a temas más concretos ¿cómo explicas el actual periodo de bajísima volatilidad que ignora casi todos los riesgos?

M- Para mí se trata de una consecuencia de la actividad de los Bancos Centrales. Se ha creado un gran riesgo moral a nivel mundial: el de que pase lo que pase, los Tres Mosqueteros (Draghi-BCE, Yellen-FeD y Kuroda-BoJ) nos salvarán de cualquier problema grave. Así, cada vez que sucede algo de relevancia, su efecto se diluye a los pocos días, incluso a las pocas horas.

La fe es tal que muchos tráders se dedican exclusivamente a vender volatilidad cada vez que repunta, pues la confianza en que al final “no pasará nada”, es total. Y lo alarmante es que les va muy bien desde hace ya demasiados años. Estamos inmersos en una forma de pensar en la que prácticamente se dan por desaparecidos los ciclos económicos o las crisis, como dijo Janet Yellen temerariamente a principios del verano. Así se pensaba también en 1999 y en 2007.

Creo que los Bancos Centrales, cuando intentan anular o atenuar los ciclos económicos con sus medidas artificiales, al final lo que acaban produciendo son nuevas y mayores burbujas por culpa de la mala asignación de activos que provocan en la economía. Para ‘arreglar’ el crash de las punto-com en el 2000 se generó una burbuja inmobiliaria que fue aún mayor que la anterior. Y para arreglar el crash del 2008, se está generando una burbuja en la deuda y otros activos que deja en pañales a la inmobiliaria de hace una década.

Lo malo de las burbujas es que, aunque no podemos saber cuándo, todas acaban por explotar. Y cuando explote la descomunal burbuja de la deuda, serán millones de personas, familias, países enteros; los que sufrirán las consecuencias. No los banqueros centrales responsables que tomaron esas decisiones sin ningún riesgo para ellos.

Una buena analogía de lo que están haciendo los Bancos Centrales es el esfuerzo de los bomberos por apagar cualquier fuego que se produzca en un gran parque natural. A base de apagar pequeños fuegos, el parque natural se queda sin zonas despobladas de vegetación que impidan el avance de futuros incendios. En caso de no poder controlar uno de esos pequeños focos, termina ardiendo todo el parque. Utilizando la terminología de Nassim Taleb, esta intervención humana top-down en bosques y en el sistema financiero, aunque con buenas intenciones, hace más frágiles a los dos sistemas.

Los Bancos Centrales están apagando cualquier incendio, llevando la volatilidad a niveles de somnolencia comatosa. El resultado es que cualquier acontecimiento (aunque no podemos saber cuál en concreto) podría desencadenar una reacción en cadena en todo el sistema financiero —hoy más interdependiente y apalancado que en 2007— y hacer que la próxima crisis sea peor que la de 2008.

D- ¿Qué opinas del creciente interés por la inversión pasiva y la popularidad que están teniendo los roboadvisors? ¿Crees que es una moda pasajera o han venido para quedarse?

M- El interés por los instrumentos de inversión pasiva es cíclico. La gestión pasiva gana a la activa en rentabilidad durante los mercados alcistas, así que se pone de moda entonces. Más cuanto más dure el ciclo. Pero también se suele olvidar que es la gestión activa la que gana a la pasiva durante los mercados bajistas. Como dijo Warren Buffett, “sólo cuando baja la marea se sabe quién nadaba desnudo”.

La clave es recordar —algo muy difícil cuando los mercados caen— que si tenemos en cuenta todo el ciclo, a pesar de la mejor gestión del riesgo de los profesionales durante los mercados bajistas, es la inversión pasiva bien diversificada la que mejores resultados va a dar a un inversor de largo plazo que no quiere complicarse la vida.

En ese sentido, los roboadvisors están capitalizando varias circunstancias: La popularización —con razón— de la gestión pasiva en el largo plazo, ofrecer una auténtica diversificación de cartera en diferentes tipos de activos financieros, hacerlo de forma más barata que las gestoras tradicionales, y por último acceder al cliente joven en su propio lenguaje y a través de los canales que está acostumbrado a utilizar.

En la práctica uno se podría hacer su propia cartera global con ETFs. Una “Estrategia Botijo” barata y bien diversificada. Lo que aportan los roboadvisors —además de comunicar mejor y ser realmente independientes del oligopolio bancario— es la comodidad de no tener que hacer nada: El cliente decide cuánto quiere aportar y cómo, y ellos se encargan de mantener una cartera de bajo coste bien diversificada (aunque no exactamente distribuida como las Estrategias Botijo).

Sí que veo un potencial punto débil a la moda de los roboadvisors. Están aprovechando un hueco de mercado en la industria que podría ser circunstancial y pasajero. Y es que los fondos tradicionales están cobrando actualmente unas comisiones desproporcionadas y utilizando canales de distribución y comunicación arcaicos propios del siglo XX.

Y digo temporal porque, ¿qué pasará cuando las gestoras “se bajen del burro” y comiencen a ofrecer la misma gestión que los roboadvisors, en canales abiertos, con el mismo nivel de comisiones final para el cliente; pero con la ventaja fiscal de ser un fondo? Los roboadvisors podrían perder entonces su actual ventaja competitiva frente a fondos que le ofrezcan la misma gestión —los mismos resultados con el mismo coste final— y facilidad de suscripción; pero con la ventaja fiscal de ser un fondo o fondo de pensiones.

También, todo este auge por la indexación y la automatización está obviando algo de lo que muchos no se acuerdan ahora: ¿Cuántos de los inversores que abrazan hoy la indexación pasiva contemplan verdaderamente la posibilidad de perder hasta el 50% de su patrimonio en el próximo mercado bajista? Será cuando suframos el siguiente mercado bajista cuando podremos calibrar si la inversión indexada está aquí para quedarse, o sigue siendo un fenómeno cíclico de la industria asociado a los mercados alcistas.

En cualquier caso, va a ser muy interesante ver cómo se adaptan las gestoras-dinosaurio de la vieja escuela a la amenaza de los roboadvisors. Mi esperanza es que de esta batalla quién más provecho saque al final sea el cliente.

D- ¿Cómo ves la situación actual de los mercados bursátiles, están caros o aún se pueden encontrar buenas oportunidades?

M- Los mercados están caros o baratos según la métrica que se utilice. El peligro de intentar valorar los mercados con cualquier tipo de métrica, por buena que nos parezca, es que no nos va a decir cuándo van a dejar de ‘exagerarse’ sus valoraciones.

Haciendo un promedio grueso de dichas métricas, para mí los mercados bursátiles, especialmente el de EEUU, está efectivamente sobrevalorado. Pero, de nuevo, desafortunadamente eso no nos sirve para tomar una decisión de inversión pues podrían extremarse aún más los ratios durante una buena temporada y arruinarnos en caso de que nos pongamos cortos a destiempo.

D- ¿Y otras inversiones no bursátiles?

M- Las inversiones financieras son cada vez más interdependientes y están cada vez más interconectadas.

Digo esto porque efectivamente limitarnos a invertir solo en productos financieros sobre mercados organizados podría dejar fuera oportunidades y posibilidades importantes de reducción del riesgo en nuestra cartera. Hay aspectos de la realidad económica que escapan a lo que puede ofrecernos la ventanilla del banco: no todas las inversiones posibles están vehiculizadas para su cómoda compra con un clic. Por eso es interesante invertir una pequeña parte de la cartera también en activos fuera del circuito financiero de vehiculización.

Ojo, porque las inversiones fuera de los mercados financieros organizados suelen ser inversiones muy poco líquidas y muy heterogéneas. Es decir, cada una es de su padre y de su madre, exigiéndonos un gran conocimiento no sólo de la dinámica de lo que estamos comprando para entender y apreciar su valor, sino también de cómo funciona su peculiar mercado secundario de compraventa fuera de los mercados organizados.

Mis tres inversiones no financieras favoritas son la inversión en bosques madereros, coleccionables que a uno le apasionen, y participar como Business Angel en startups que nos entusiasmen. No recomiendo la inversión en obras de arte porque me parece que su mercado secundario está excesivamente manipulado como para poder moverse en él con suficientes garantías.

D- Entonces, y dado que la economía es cíclica, ¿prevés una nueva crisis en un futuro cercano?

M- Me gustaría aprovechar esta pregunta para lanzar una advertencia que, aunque contra-intuitiva, me parece muy importante. Si como he explicado antes no podemos predecir el futuro, no creo que sea una buena idea invertir en base a esperar que un escenario se cumpla o no, por muy razonable, lógico o “necesario” que nos parezca. Vivimos en un mundo que ni es razonable, ni es lineal en la sucesión de sus acontecimientos.

Es decir, creo que nuestras opiniones personales deben ir por un lado, y nuestras decisiones de inversión por otro. Mezclarlos es muy peligroso, porque aunque nos salga bien durante una temporada —hasta un reloj parado “acierta” la hora dos veces al día—, podemos perder la capacidad de “leer los mercados” en cualquier momento.

Con los años he llegado a ser extremadamente escéptico no sólo con los análisis más prestigiosos y mejor argumentados, sino también con mis propias opiniones personales. Como decía Keynes, el mercado puede permanecer irracional mucho más tiempo del que tú puedes mantenerte solvente apostando en su contra.

Volviendo a la pregunta, mi opinión personal es que sí veo una nueva crisis, probablemente mucho peor que la de 2008 por culpa de la intervención de los Bancos Centrales. Las crisis son inevitables por mucho que se empeñen los políticos y los banqueros centrales en negarlas unos y en evitarlas los otros. El problema es que sinceramente no sé cuándo llegará, si en 2018, 2019 o más tarde; y como ya he explicado, no creo que exista un método consistente para saberlo con antelación.

D- Como creo que eres un hombre bien informado y aunque no sea tu especialidad, me veo obligado a preguntarte sobre lo que más preocupa a los lectores de este blog, ¿cómo ves los tipos de interés en la Eurozona y en concreto el Euribor, crees lo que descuentan los futuros, que según avance 2018 el BCE retirará estímulos y hasta puede que suba tipos?

M- Retirar estímulos y recesión en la eurozona no pueden ir juntos. Si por ejemplo entramos en recesión en algún momento del año próximo, el plan del BCE para retirar estímulos se dará la vuelta y seguiremos con las inyecciones de liquidez, con tanto volumen como haga falta. El BCE ha visto que sus medidas no generan inflación, así que en cuanto se perciba una tormenta en el horizonte, no dudarán en cambiar el sesgo y si es necesario volver a incrementar sus programas de compras de bonos tanto como sea necesario.

Esto puede significar que, tras un breve amago de subida de tipos, esta “nueva y extraña era” de tipos por debajo de cero, con el Euribor en negativo, nos sorprenda y dure más años de lo que imaginábamos inicialmente. De nuevo, es sólo mi opinión.

D- Y ya para cerrar la entrevista, ¿en qué proyectos estás metido ahora?

M- Tengo en el horno un libro de introducción a las inversiones, complementario a los artículos que publico en mi blog Inversobrio. Sí, otro más, ¡con los que ya hay! La diferencia es que quiero darle un enfoque que no he encontrado en las librerías. Hay mucha confusión entre productos y estrategias. Creo que primero hay que tener muy claro conceptualmente los que estamos haciendo, y luego ya se puede pasar a estudiar los instrumentos que hay disponibles y su operativa en mercados.

Afortunadamente, creo que todas las inversiones se pueden organizar en solo cuatro grandes clases que explicaré en el libro, dibujando un mapa muy sencillo en el que el inversor puede situar conceptualmente cualquier estrategia. También, quiero agregar una guía de ‘lo que funciona y lo que no funciona’ a la hora de invertir. Con esto, espero hacer más fácil al inversor la tarea de decidirse por un tipo de inversión u otra.

D- Muchas gracias por tus respuestas.

M- A ti por permitirme esta oportunidad de expresar mis opiniones en una web que sigo y admiro desde hace tantos años.

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