El coleccionista de errores

Muchas veces la gente me pregunta, ¿por qué leer tu blog?

No hago recomendaciones de compra ni de venta. Apenas comento la situación de los mercados. Ni siquiera comento noticias financieras aunque aparenten ser “superimportantes”. Entonces, ¿qué es lo que ofrezco al lector?

En el clásico imprescindible de Jack Schwager Market Wizards, Michael Steindhart comenta que uno de los mejores inversores que conoció se presentaba siempre de la misma forma: “Todo lo que traigo a la fiesta son 28 años de errores y equivocaciones”.

Básicamente eso es lo que hago y ofrezco: Coleccionar errores de inversión. Los míos y los de los demás. Leo todo lo que encuentro y tengo tiempo de digerir. Leo porque a través de la lectura uno puede acumular aún más errores de los que ya ha cometido. Errores de todos los tipos y colores. Desde los más estúpidos y obvios, hasta los más inesperados y profundamente devastadores. Leer es un lujo porque le permite a uno revivir los errores de los demás como si los cometiera uno mismo. Equivocarse como un Premio Nobel sin serlo, o como una multinacional como Yahoo. Es como vivir varias vidas en una. Y cuantas más vidas podamos vivir, cuantos más errores podamos cometer —aunque no sean los nuestros—, más aprenderemos.

Porque la mejor forma de no aprender es cuando no nos equivocamos. Si no nos equivocamos, no tenemos manera de discernir si lo que ha resultado un éxito (ese trade ganador, esa estrategia que parece que no falla nunca, etc.), ha sido debido a nuestro propio trabajo, a algún factor externo desconocido, o simplemente a la suerte. Es el mismo problema que con el trackrecord de los fondos de inversión: si el fondo de moda consiguió una rentabilidad fantástica el último año/s, ¿cómo distingo entre la habilidad de un gestor y la suerte que haya podido tener? ¿Seguirá siendo el mejor fondo el año que viene, y dentro de 5 o 10 años?

La gente suele fijarse en las estrellas y gurús que han alcanzado el éxito e intenta repetir sus hábitos, su forma de pensar y ver el mundo, su forma de trabajar y hasta de desayunarse por las mañanas. Pero, ¿y si desayunar y hacer lo que hace Soros no tiene nada que ver con su éxito? El mundo es un lugar demasiado complicado y complejo como para esperar que se someta a nuestros deseos simplemente porque realizamos ciertos rituales o adoptamos la misma estrategia que nuestro gurú favorito.

No. El mundo, la realidad, son tan inabarcables e impredecibles que siempre recomiendo seguir el camino contrario; la via negativa.

Se trata de estudiar los fracasos, los grandes errores en profundidad. Lo que pudo ser y no fue, y por qué. Esos genios, esos proyectos, esas estrategias de inversión, que lo tenían todo para triunfar; pero al final no lo hicieron. ¿Qué es lo que falló y por qué?

Es estudiando los errores y equivocaciones que podemos identificar claramente por qué algo no ha funcionado, y descubrir nuevos riesgos y dimensiones ocultas hasta entonces de la realidad, desapercibidas por nuestra forma de ver el mundo e invertir.

Cuando damos unas recomendaciones concretas, sea una estrategia de inversión o de negocios, sea parecerse al gestor de moda, se asume de una manera implícita que el mundo funciona según ciertas hipótesis que van a continuar siendo válidas. Pero la simplificación del mundo a nuestros deseos siempre es un ejercicio difícil y peligroso. Aún más, si tenemos éxito, no sabremos si ha sido porque nuestro modelo del mundo era correcto, o porque funcionando el mundo de manera diferente a como creemos, nos permitió un resultado exitoso dentro de su variabilidad.

No cometer errores implicaría un conocimiento absoluto y perfecto de la realidad, algo que es imposible. Los errores, cuando no son producto de negligencias, nos permiten descubrir nuevos territorios de la realidad que desconocíamos.

 

Los errores, como las hipótesis en ciencia, son el mecanismo por el que expandimos y corregimos nuestro modelo del mundo, que inevitablemente siempre será parcial y sesgado. Son precisamente los errores los que más información nos dan sobre el mundo, poniéndonos en nuestro lugar.

Sé que el lector medio de Internet lo que busca es el “Santo Grial de la inversión”, una receta fácil con los 12 pasos infalibles para conseguir grandes rentabilidades sin riesgo, a ser posible rápidamente. Pero esa receta no existe. No me interesa ganar lectores que persiguen unicornios prometiendo crecepelo. Lo que sí existe son los registros e historias de gente muy inteligente y preparada que lo intentó y fracasó. Sin menospreciar el éxito alcanzado por algunos, analizar y coleccionar errores —lo que no funciona— se convierte entonces en el camino menos arriesgado y más provechoso para avanzar, paso a paso, hacia una forma de inversión sobria.

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