Bitcoin vs Oro

Cada vez que el precio del bitcoin pega un subidón (o se desploma), vuelve la pregunta: ¿Es el bitcoin una burbuja especulativa? ¿Qué es mejor, el oro o el bitcoin?

Para intentar contestar a estas preguntas hay que preguntarse si bitcoin y oro pueden servir como alternativas monetarias descentralizadas (esto es, sin un banco central que las controle/regule) al dinero fiat (el que emiten los gobiernos a través de sus bancos centrales, recaudan impuestos y colocan su deuda). 

Lo primero es no confundir rentabilidades recientes con una presunta superioridad como moneda de uno frente al otro. El simple hecho de que el oro o el bitcoin se hayan comportado mejor o peor últimamente no es argumento para establecer si una es mejor que la otra como dinero, pues el precio no es la única característica a tener en cuenta a la hora de juzgar una moneda.

La clave para discernir si oro o bitcoin pueden servir como moneda residirá en comprobar si satisfacen, en el máximo de situaciones posibles e improbables futuras, las tres características del dinero:

  1. Capacidad para preservar en el largo plazo el valor,
  2. Liquidez, o medio de cambio generalmente aceptado,
  3. Servir como unidad de cuenta.

Por un lado, el bitcoin es una implementación más de la tecnología blockchain. Una tecnología que ha llegado para quedarse y transformar el mundo a muchos niveles. Simplificando mucho, la tecnología blockchain es como si tuviéramos una gramática generativa común a todas las lenguas válidas, y luego la gente eligiera/creara arbitrariamente el inglés como lingua franca para comunicarse internacionalmente.

Así, se pueden crear virtualmente infinitas monedas distintas —con ligeras variaciones— basadas en dicha tecnología, y todas serían igualmente válidas como criptomoneda. Se podría por ejemplo lanzar el “Botijocoin” vía una ICO y sería tan válida como criptomoneda como el Bitcoin, Ethereum, o todas las que ya se han lanzado antes o se están lanzando mientras escribo esto.

¿Existe pues una justificación objetiva, más allá de la mera popularidad actual, para preferir una criptomoneda —en este caso el bitcoin— frente a otras? La respuesta es no.

En el caso de las monedas con base física real, el oro sí que se fue convirtiendo históricamente en la referencia definitiva en la mayoría de civilizaciones que crecieron y se desarrollaron lo suficiente como para preocuparse seriamente por estas cuestiones. Otros commodities con propiedades similares lo intentaron, pero su éxito fue siempre circunstancial y pasajero. Sólo el oro ha pervivido a lo largo de milenios y varias civilizaciones como dinero.

Así mismo, el bitcoin y el resto de criptomonedas son análogas a las monedas fiat que emiten los gobiernos en el sentido de que ambas están respaldadas por la fe que sus usuarios depositan en ellas. Cierto es que, a diferencia de la monedas emitidas por los bancos centrales, las criptomonedas están, como el oro, limitadas en cantidad y descentralizadas de un emisor autorizado único. El valor teórico como refugio de riqueza líquida es perfectamente legítimo en una criptomoneda, pues no se puede falsificar ni multiplicar (devaluar) como hacen los gobiernos con sus monedas. Pero el hecho de que, de entre todas las criptomonedas actualmente disponibles, el bitcoin haya sido la que más volumen y revalorización ha sufrido, ha sido por decisión arbitraria y retroalimentada de sus compradores; que se sumaban a la subida simplemente porque veían el precio subir y más inversores acudir.

Además, si la subida del bitcoin se debiera a una generalizada pérdida de fe de las monedas fiat tradicionales, o un cambio de preferencia de liquidez por parte de los inversores, tendríamos que ver una fuerte correlación en el movimiento con el resto de valores refugio. Es decir, una subida similar en el oro, la plata y resto de criptomonedas. Algo que no ocurre; lo que me lleva a pensar que quizá, más que un nuevo Nirvana, el bitcoin está, por lo menos en el medio plazo, en un proceso de burbuja similar a la ocurrida con los tulipanes de cierta ciudad Holandesa a principios del siglo XVII.

Así, encontramos varias debilidades al Bitcoin. En primer lugar está su arbitrariedad de elección (cualquier puede crear una criptomoneda nueva desde su ordenador y ponerla en el mercado via una ICO). Después su altísima volatilidad (es difícil que uno piense en ahorrar en algo en un activo con una volatilidad mayor al 50%). También la posibilidad real de que los gobiernos prohíban su uso en el futuro si ven en ellas una amenaza al sistema financiero actual y/o al cobro de impuestos. Su diseño obliga a aumentar exponencialmente la energía necesaria para que minar nuevos bitcoins y —lo que es más grave y limitante—, para utilizarla eficientemente en transacciones cotidianas (no tiene sentido que para realizar una compra se necesite el equivalente a la energía que consumo en casa durante un mes). Y finalmente pero no menos importante, en su total dependencia tecnológica y su potencial vulnerabilidad criptográfica.

El bitcoin —y por extensión todas las criptomonedas— depende de la tecnología para que sea útil en la práctica. Sin Internet o electricidad, el bitcoin pierde totalmente su capacidad como moneda y queda reducido a un divertimento matemático abstracto (“cruzar números primos como hacen los niños en el colegio con los cromos de Star Wars”). Esa dependencia la hace frágil frente a imprevistos catastróficos, como por ejemplo un evento Carrington, o una degradación de la civilización en la que el acceso a internet y la energía disponible no estuviera tan extendido como actualmente.

Además, el advenimiento de ordenadores cuánticos en los próximos años podría poner en peligro los algoritmos de cifrado que usa la tecnología blockchain, pudiendo “hackearse” tanto el anonimato como la propia moneda; actualmente a salvo gracias a las limitaciones de la tecnología informática actual “no-cuántica”.

En resumen, el motivo principal para invertir en bitcoin —a parte un reducido grupo de libertarios que comulgan con el ideario de Satoshi Nakamoto— sigue siendo que su precio sube, nada más. Algo común a todas las burbujas.

En este caso se intenta racionalizar/justificar la subida, como ocurrió en la fase alcista del mercado de bulbos de tulipán, aduciendo que se convertirá en “la moneda del futuro”. Pero prácticamente nadie la usa como moneda, esto es, como reserva de valor y moneda transaccional.

En resumen, el principal uso del bitcoin es puramente especulativo. Y mientras su precios crezcan parabólicamente y la volatilidad salvaje persista, no puede convertirse en la moneda que defienden los que especulan hoy con ella.

Todo esto coloca al bitcoin (y resto de criptomonedas) necesariamente por detrás del oro como moneda alternativa a las monedas fiat, y sobre todo a la hora de proteger a largo plazo la riqueza en cualquier escenario futuro posible e impredecible.

Especulando

Como he comentado más arriba, creo sinceramente que la tecnología blockchain ha llegado para quedarse y cambiar el mundo. Pero lo que estamos viviendo (en 2017 cuando escribo esto) con las criptomonedas es más parecido a lo que ocurrió a finales de los años ’90 con las punto-com que a un nuevo “eldorado” monetario.

Si recordamos aquella época, durante la explosión alcista del NASDAQ de finales de los años ’90, cualquier cosa con una página web terminada en “.com” servía para salir a bolsa y subir un X00% su primer día de cotización. Tuvo que ocurrir el crash del 2001 para cribar el grano de la paja y que la dinámica de burbuja fuera sustituida por el sentido común de una contabilidad cabal.

Con las criptomonedas podría suceder algo similar. Entre los cientos, miles de proyectos punto-com de finales de los años ’90, no podíamos saber entonces que los ganadores serían Google, Facebook (que ni siquiera había nacido entonces), Amazon, etc. y que AOL, Terra, Yahoo (en la cresta de la ola entonces) acabarían desapareciendo más o menos rápidamente. Con las criptomonedas hoy no sabemos si, efectivamente, van a servir de refugio de valor y/o alternativa a las monedas fiat, y en ese hipotético caso, no sabemos —de entre los cientos de criptomonedas disponibles— cuales serán las futuras Google y Facebook que sobrevivirán y coparán el mercado.

Hoy parece que el Bitcoin está ganando (aunque con la volatilidad del Bitcoin esto cambia día a día), pero otros competidores como Ethereum y Ripple empiezan a asomar sus orejas en el horizonte. Al igual que entonces, no sabemos dentro de 10 años cuál sera el ganador/es (incluso puede suceder como en el caso de Facebook, que todavía no haya nacido la criptomoneda ganadora). Quizá lo más sensato, dentro de la insensatez de apostar a este tipo de juegos, sea esperar al primer crash importante de las criptomonedas y seleccionar entonces las que sobrevivan para construirse una pequeña cesta con ellas a largo plazo.

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